grandes esperanzas
Navidad y cumpleaños
Al fin llegó la Navidad, esta fecha tan manoseada por el comercio, es definitivamente mi fiesta favorita del año, me encanta hacer regalos, buscar, y encontrar el objeto justo para la persona indicada, y sobretodo me encanta recibir regalos, y no por una cuestión materialista, si no que porque siempre que recibo un regalito me doy cuenta lo mucho que me quieren y lo bien que me conocen, y eso es siempre satisfactorio, saber que las personas que adoras te corresponden.Como siempre, hice todas las compras a última hora, pero eso no impidió que encontrara justo lo que estaba buscando y por supuesto eso me deja muy feliz y conforme.Sin embargo, para mi familia esta es una fiesta que va mucho más allá de la Navidad, porque mañana, 24 de Diciembre es el cumpleaños de mi Viejo, el Tongûita, lo que hace que inevitablemente, esta fiesta tenga tanto de dulce como de agraz, porque se mezclan los dolores con las satisfacciones, las risas con las lágrimas, el nacimiento con la muerte y siempre la falta, esa necesidad imperiosa de buscar también el regalo justo para él, cantar el Cumpleaños, y hacer brindis doble, por el Viejo y por el niño que nace a medianoche.Se extraña el abrazo de felicitaciones, la sonrisa de agradecimiento, y sus ojitos de felicidad constante, se extrañan sus "elocuentes" tarjetas de navidad tipo "de Papá, para Karita" o el cacho a úlitma hora de ayudarle a elegir el mejor regalo para mi Vieja...jajajaja todo eso era mi Viejo, puro relajo y cariño, puro asado y un buen vino, pura familia y amigos, puro futbol y pesca...Ahora, a un día de su cumpleaños, y a un día de la Navidad estoy contenta y agradecida de la suerte que he tenido de tener una familia espectacular, con un Papá único e inolvidable, un hombre bueno y cariñoso, y a la vez divertido y juguetón... un Viejito Pascuero, con gûata y todo, por eso, a pesar de la pena de no tenerlo cerca, la fecha es para celebrar, y estar feliz y conforme del tiempo que pasamos juntos, de las risas, los juegos de cacho, los campeonatos de brisca y dominó, de los maratónicos asados, y de cada uno de los twist que bailamos; y sobre todo estar agradecida de toda su ayuda y cariño, y más aún de su amor y el ejemplo de hombre que fue.A celebrar entonces que es una linda fecha y un mejor cumpleaños...un beso a todos y sobretodo un beso a mi Viejo, a la distancia, aunque quizás no tanto, porque sé que andas por ahí cuidándome...
suspiro
A pocos días de terminar el año las sensibilidades y los cansancios están a flor de piel, lo que nos hace más vulnerables a todo, a las cosas buenas y lindas, como a las cosas terribles e injustas. Desde una mujer que llora ante el Ministro de salud por su agotamiento e impotencia por la recarga de trabajo y el salario irrisorio, hasta jóvenes muertos por la incapacidad de los que nos dirigen en reconocer las necesidades de los que menos tienen; como también nos ilusionan los niños (y adultos) esperando la llegada del Viejito Pascuero, o los que trabajan impacientes por llegar a las esperadas, y merecidas vacaciones. Lo triste es que esa vulnerabilidad sea vista como una debilidad, y a su vez ésta como un defecto, pero ¿por qué? si es la debilidad la que nos hace reconocer cuáles son nuestras capacidades y limitaciones, cuales son nuestras pasiones e indiferencias, es la debilidad la que nos hace más humanos, y nos recuerda que somos sólo un granito de arena más en esta inmensa playa, la que nos baja a tierra y nos repite una y otra vez que el super hombre es un invento de la soberbia, y que la belleza de las lágrimas comienza con el consuelo de un amigo, el beso de un amante, el abrazo de un padre o el sabio consejo de una madre.Generalmente todos arrancamos del dolor y las penas, y cuando éste nos alcanza -a pesar de haber corrido con los ojos cerrados rogando para que no nos tome por la espalda- y cuando ya no nos queda aire en los pulmones ni fuerza en las piernas, caemos rendidos a la melancolía y ahí sabemos cómo explotar esa tristeza, y caemos en masoquismos adolescentes de escuchar las canciones que nos apretan el corazón, nos llevan a mejores tiempos, recordar personas que nos hicieron felices y ya no están, o a malditos que nos hicieron sufrir y que por más que queramos cada día aparecen para hecharnos a perder al menos un minuto diario.Son los recuerdos tristes los que nos enseñaron a ser más fuertes, mejores personas, y nos permiten reconocer e impresionarnos de las cosas mas simples que tendemos a olvidar en nuestro correr diario por alcanzar una meta extraña que pocos tienen claro.Yo, trato todos los días de rocordar y fijarme en las cosas más pequeñas para no olvidar y transformarme en una mujer "fría y calculadora" recorro todos los días la casa de mi abuela, donde pasé los veranos e inviernos comiendo las galletas más ricas que he probado, escucho a mi Mamá hablar con los perros y le veo emocionarse escuchando ópera y viendo sus flores, veo crecer a mi sobrino y cómo repite todo lo que escucha como tratando de ser un niño tan rápido cuando todos queremos que siga siendo nuestro "Chupinito"para siempre, me acuerdo de mi Papá trabajando en sus muebles de "diseño" o viendo un partido de fútbol tomándose una merecida "chela", veo a mi hermano y su mujer amándose cada vez más y aprendiendo a ser padres todas los días, veo al Mateo que se ríe de todo y de todos, veo al Topo que cada vez se transforma en el mejor amigo del Diego, veo a la gente yéndose al trabajo todos días pensando que a lo mejor su suerte va a cambiar y encontrarán un asiento desocupado en la micro, y me veo a mí, a los 31 años en primer año en la Universidad, soñando con terminar la carrera, defender las causas indefendibles, y seguir con mis amigos y por supuesto estar enamorada. Todas las cosas, cuando uno así lo quiere, pueden ser sorprendentes y dignas de admiración, las historias pueden ser cortas o largas, uno las va escribiendo a pulso, muchas veces nos equivocamos, y qué importa, de los errores sacamos virtudes, de las debilidades, fuerzas. La gracia de la caligrafía está en que se puede mejorar, con trabajo y voluntad, y la gracia de la vida está en todas las cosas, abramos los ojos que la ceguera es la peor de las insensibilidades, respiremos hondo y no nos olvidemos de suspirar como cuando en los pulmones no te cabe todo el aire que quisieras o como cuando la satisfacción te llena los pómulos de color, los ojos de brillo, y el alma de orgullo.
vitrinas de otoño
El sol recién estaba saliendo, faltaba todavía más de una hora para que sonara el despertador, no había pegado un ojo en toda la noche, el miedo, la angustia y el dolor era demasiado grande como para entregarme al descanso… llevaba más de un mes así, y mi cuerpo apenas podía levantarse de la cama, y cuando lo lograba estaba largos ratos en la ducha tratando de limpiar todo ese cansancio y hastío de seguir viviendo.
Disimular mi pena, reírme sin ganas, todo era un esfuerzo y un trabajo que ya no lograba asumir, no sé si alguien lo nota, y en realidad poco me importa, lo que realmente quiero es que esto termine de una vez.
Creo que no recuerdo cuando empezó todo, al principio sentía mucho sueño y pocas ganas de hacer cualquier cosa, me empecé a alejar de mi familia, luego de mis amigos, luego de mi misma, me miraba al espejo y ya no reconocía esa cara amigable y esos ojos llenos de vida y de esperanza, ahora veo unos ojos cansados, opacos, secos de tanto llanto y sufridos de tanto odio, mi cuerpo se encogía y encogía cada día más, en cualquier momento desaparecería, y ojala fuera pronto.
Es extraña la soledad, a veces es la mejor amiga, cuando quieres silencio, tranquilidad para reflexionar o por último para disfrutar el no hacer nada, pero en estos momentos se ha transformado en mi oxígeno, todo lo que respiro es soledad y desaliento, la melancolía es la voz de la conciencia para mí.
Yo no entiendo cómo la gente espera tanto del amor si este lo único que hace es quitártelo todo, te deja solo y sin vida, sin aliento, sin fuerza, desesperanzado, agotado y sobretodo desilusionado, y eso es lo peor, porque la ilusión es la esencia de la vida, lo que nos mantiene niños y luego nos hace adultos ambiciosos pero respetuosos.
Yo estuve enamorada y lo entregue todo, mi vida, mi alma mis sueños y mis convicciones, proyecté mi futuro y todo lo que quería ser era pertenecerle a él, que sus anhelos fueran también mis anhelos, que su futuro fuera el mío, que sus proyecciones y sus metas fueran parte de las mías; toda mi fe estaba en nosotros.
Finalmente ese día logré salir de casa, había sol y corría una brisa fresca que por segundos me dio una sensación de satisfacción pasajera, fui como todos los días a buscar un café para lograr despertarme y alcanzar la energía mínima para llegar al trabajo. Mientras caminaba por el parque no pude dejar de notar que todos los días hacía el mismo recorrido, cruzaba las mismas esquinas, olía las mismas flores y veía las nubes a través de los mismos árboles; botaba el vaso de café en el mismo basurero, y me encontraba con las mismas caras que me miraban y reconocían mi tristeza todas las mañanas en las mismas calles, eran las mismas personas que alguna vez nos vieron dichosos y apasionados caminar por este parque camino al trabajo esperando que el día pasara pronto para estar juntos nuevamente, y compartir una copa de vino para contarnos cómo habían sido esas horas sin el otro.
Extrañamente y en un raro cambio de rutina – lo que implicaba un esfuerzo por dejarlo ir – cambié mi recorrido y caminé casi sin saber por donde y rápidamente, como si alguien estuviera a punto de atraparme por la espalda, avancé para no darme cuenta que estaba dejando atrás parte de lo que fue nuestra vida juntos.
Mientras caminaba me di cuenta que desconocía todo a mi alrededor, nada me era familiar, ni las caras, ni los árboles, ni las vitrinas, el café tenía un gusto amargo, y no tenía donde botar el vaso, el ruido era ensordecedor, la gente me empujaba como si no me viera, de pronto tuve que parar, mi corazón latía demasiado rápido, tenía miedo, de seguir avanzando, miedo de dejarlo ir, miedo de volver a empezar de nuevo, pánico a olvidar su cara y su voz, de pronto extrañé como nunca su mano en la mía guiándome el camino, sus ojos pequeños diciéndome te amo, y sus labios diciéndome “nos vemos en la tarde mi niña”. En esa pausa me miré en el vidrio impecable de una vitrina y me vi delgada, opaca y sin vida, de todo lo que él había amado no quedaba nada, ni un ápice de lo que alguna vez fui, él se había llevado con su adiós toda mi alma, mi corazón y mi sabia. El reflejo mostraba a otra mujer, una mujer débil y pequeña, desconocida y sola, que había olvidado lo que era la vida, en sus comisuras no había gesto, en sus manos no había fuerza, en su corazón no existía amor suficiente ni siquiera para ella misma, esa mujer era yo, o lo que quedaba de mí.
Corrí de vuelta al departamento a esconderme, sin embargo nadie puede escapar de sí mismo, ni esperar toda la vida por un amor que no volverá, y luego hice lo que hago todos los días al llegar a casa, escuchar un mensaje que me dejó alguna vez cuando aun nos amábamos, cuando su voz era tan familiar como el cigarro compartido en la terraza mirando el parque y la gente pasar. Era la última vez que escucharía su voz, porque sin darme cuenta y con todo el dolor que una mujer puede experimentar, apreté el maldito botón rojo y su voz desapareció para siempre… lloré durante horas, ese llanto en silencio que es aun más doloroso… y lo extrañé, porque en ese minuto lo perdí como se pierde el aliento después un duelo, como se pierde el frío luego de un abrazo, de sus abrazos.
Desperté dos días después sobre nuestra cama, sola, el sol llegaba justo sobre mi pequeño cuerpo cansado, la ventana estaba abierta y podía ver los árboles del parque y sus hojas cayendo en nuestra terraza, sin embargo de pronto sentí que era mi terraza, mi cama, mi casa. Tenía la boca seca y los ojos hinchados, me miré al espejo y vi mis pómulos sonrojados, fui por un vaso de agua, camino a la cocina, sentí mi cuerpo liviano, mi corazón estaba tranquilo, mis pies descalzos disfrutaron sobre la madera, me senté en el sofá azul y miré directo a la máquina grabadora de mensajes, no podía ver si la luz marcaba alguna llamada perdida o un mensaje antiguo, no recordaba bien si había borrado realmente lo único que me quedaba de él, su voz amable, cariñosa y fuerte, mi estómago se apretó por un segundo y mis manos se tensaron sobre el cristal frío, me puse de pie y enfrenté a esa maldita máquina de esperanzas, y no había luz alguna, no existía nada ahora que me recordara cada día a él, me sentí aliviada y por primera vez en mucho tiempo sentí que mi cuerpo no se encogía, podía sentir mis hombros y mi pecho descansados, el duelo había terminado, y podía salir de mi casa sin miedo a recibir miradas lastimosas.
Hice el mismo camino de siempre, saludé a quienes me encontré, fui a la misma cafetería y me compré un té y una revista que disfruté mientras veía las nubes pasar entre los árboles, por fin el día estaba maravilloso, y de pronto, me di cuenta que sonreía, sin motivo alguno, pero finalmente sonreía.