suspiro

A pocos días de terminar el año las sensibilidades y los cansancios están a flor de piel, lo que nos hace más vulnerables a todo, a las cosas buenas y lindas, como a las cosas terribles e injustas. Desde una mujer que llora ante el Ministro de salud por su agotamiento e impotencia por la recarga de trabajo y el salario irrisorio, hasta jóvenes muertos por la incapacidad de los que nos dirigen en reconocer las necesidades de los que menos tienen; como también nos ilusionan los niños (y adultos) esperando la llegada del Viejito Pascuero, o los que trabajan impacientes por llegar a las esperadas, y merecidas vacaciones. Lo triste es que esa vulnerabilidad sea vista como una debilidad, y a su vez ésta como un defecto, pero ¿por qué? si es la debilidad la que nos hace reconocer cuáles son nuestras capacidades y limitaciones, cuales son nuestras pasiones e indiferencias, es la debilidad la que nos hace más humanos, y nos recuerda que somos sólo un granito de arena más en esta inmensa playa, la que nos baja a tierra y nos repite una y otra vez que el super hombre es un invento de la soberbia, y que la belleza de las lágrimas comienza con el consuelo de un amigo, el beso de un amante, el abrazo de un padre o el sabio consejo de una madre.
Generalmente todos arrancamos del dolor y las penas, y cuando éste nos alcanza -a pesar de haber corrido con los ojos cerrados rogando para que no nos tome por la espalda- y cuando ya no nos queda aire en los pulmones ni fuerza en las piernas, caemos rendidos a la melancolía y ahí sabemos cómo explotar esa tristeza, y caemos en masoquismos adolescentes de escuchar las canciones que nos apretan el corazón, nos llevan a mejores tiempos, recordar personas que nos hicieron felices y ya no están, o a malditos que nos hicieron sufrir y que por más que queramos cada día aparecen para hecharnos a perder al menos un minuto diario.
Son los recuerdos tristes los que nos enseñaron a ser más fuertes, mejores personas, y nos permiten reconocer e impresionarnos de las cosas mas simples que tendemos a olvidar en nuestro correr diario por alcanzar una meta extraña que pocos tienen claro.
Yo, trato todos los días de rocordar y fijarme en las cosas más pequeñas para no olvidar y transformarme en una mujer "fría y calculadora" recorro todos los días la casa de mi abuela, donde pasé los veranos e inviernos comiendo las galletas más ricas que he probado, escucho a mi Mamá hablar con los perros y le veo emocionarse escuchando ópera y viendo sus flores, veo crecer a mi sobrino y cómo repite todo lo que escucha como tratando de ser un niño tan rápido cuando todos queremos que siga siendo nuestro "Chupinito"para siempre, me acuerdo de mi Papá trabajando en sus muebles de "diseño" o viendo un partido de fútbol tomándose una merecida "chela", veo a mi hermano y su mujer amándose cada vez más y aprendiendo a ser padres todas los días, veo al Mateo que se ríe de todo y de todos, veo al Topo que cada vez se transforma en el mejor amigo del Diego, veo a la gente yéndose al trabajo todos días pensando que a lo mejor su suerte va a cambiar y encontrarán un asiento desocupado en la micro, y me veo a mí, a los 31 años en primer año en la Universidad, soñando con terminar la carrera, defender las causas indefendibles, y seguir con mis amigos y por supuesto estar enamorada.
Todas las cosas, cuando uno así lo quiere, pueden ser sorprendentes y dignas de admiración, las historias pueden ser cortas o largas, uno las va escribiendo a pulso, muchas veces nos equivocamos, y qué importa, de los errores sacamos virtudes, de las debilidades, fuerzas.
La gracia de la caligrafía está en que se puede mejorar, con trabajo y voluntad, y la gracia de la vida está en todas las cosas, abramos los ojos que la ceguera es la peor de las insensibilidades, respiremos hondo y no nos olvidemos de suspirar como cuando en los pulmones no te cabe todo el aire que quisieras o como cuando la satisfacción te llena los pómulos de color, los ojos de brillo, y el alma de orgullo.


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